EL CIERRE MÁS LARGO

  • La medida, debida a la propuesta de muro en frontera con México, trae serias consecuencias.

El presidente Donald Trump ha conseguido romper un récord que nadie querría romper: el de ser el autor del cierre del Gobierno más largo de la historia de los Estados Unidos.

El llamado ‘cierre de la Administración’ (en inglés, ‘government shutdown’), que hoy está cumpliendo veintitrés días, sucede cuando la presidencia suspende la prestación de los servicios públicos –salvo los esenciales– porque no ha conseguido ponerse de acuerdo con el Congreso sobre las asignaciones presupuestarias.

Según el presidente Trump, el Congreso estadounidense no está sirviéndoles a los intereses generales porque no le ha aprobado los 5.700 millones de dólares que necesita para construir el famoso muro en la frontera con México, una polémica iniciativa que viene de campaña. Parece estar dispuesto a llevar esta situación –un desastre desde donde se mire– hasta consecuencias inéditas, como si se tratara de un callejón sin salida aparte de la derrota del Congreso o la crisis del país: “Los demócratas podrían resolver el cierre del Gobierno en 15 minutos”, tuiteó como si la resolución no estuviera en sus manos.

Qué consecuencias ha traído el paro del Gobierno en estas tres semanas tan largas: para poner los ejemplos más evidentes nada más, el drama de los 800.000 empleados laborales, y sus familias, que no han recibido su paga el viernes anterior; la suspensión de cientos de contratos, y de trabajos, relacionados con el manejo de desastres; el riesgo gravísimo ante la inasistencia de una enorme cantidad de controladores aéreos; la detención del control de la contaminación de las comidas; la caída de los parques nacionales, pues muchos han cerrado.

Pareciera que Trump –luego de perder las mayorías de la Cámara de Representantes en las elecciones de mitaca– se estuviera jugando su capital político entero, hecho entre los nacionalistas y los descreídos de las democracias liberales, como un arriesgado acto de campaña para su reelección: nunca antes había sido tan efectivo el discurso contra los políticos como los enemigos del pueblo, y nunca antes la sociedad estadounidense se había visto tan enardecida, tan dividida.

Esta es la vez número 19, desde septiembre de 1976, que ocurre un “cierre de Gobierno”. Pero, sin lugar a dudas, no había habido antes una razón tan polémica –y tan caprichosa– para declararlo. Puede ocurrir que Trump declare la llamada ‘emergencia nacional’ para encontrar la financiación que requieren ciertas agencias del Estado para seguir funcionando. Pero para este momento su jugada ya ha producido estragos y ha enfrentado a su sociedad de maneras que no les sirven ni a los unos ni a los otros.

De cierto modo, está en juego, sobre todo, un modo de gobernar en el que son permitidas todas las formas de lucha: el nacionalismo, el sectarismo, el autoritarismo, la ligereza, la estigmatización, la mentira. Y el mundo y su estabilidad política y su economía están pendientes de este larguísimo paro, día a día, hora a hora, con la ilusión de que sigan prevaleciendo las soluciones democráticas que hasta hace poco se daban por sentadas.

 

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